viernes, 10 de abril de 2015

... y otras payasadas

Cuando les explico a mis amigos y amigas que estoy haciendo una asignatura que se llama Pallassos d'Hospital, la conversación siempre torna en el mismo sentido:
- ¿Y lleváis nariz de payaso?
- Sí, bueno, nos la ponemos cuando es necesario.
- Pero, ¿vais al hospital a hacer reír a los niños?
- No... primero tenemos que encontrar nuestro "clown". Pero escucha, ¡los payasos de hospital no sólo hacen reír a los niños! 
 - ¿Y a quién si no?
Y entonces es cuando me gustaría que apareciesen Oxígena y Pacocetamol, para que mis amigos se dieran cuenta que, si sólo trabajasen con niños, se sentirían niños de nuevo.
Pero igualmente, vayamos a los niños. Porque me gustan y porque quiero. Me pongo en la situación de estas pequeñas personitas, como buena futura pediatra, y me imagino el momento en que dos curiosos personajes aparecen por la puerta: batas blancas, como los médicos, pero con flores, pájaros y caritas sonrientes dibujados en ellas; unos atuendos bajo esas batas a cual más peculiar; y unas grandes y brillantes narices rojas en medio de su cara. Lo primero que me ocurriría, sería un cambio de actitud, para bien o para mal, pero un cambio. Buena señal, funciona. ¿¡Y quién no cambiaría de actitud en una inesperada situación como ésta!? Niños, ancianos, adolescentes, adultos, jóvenes,... 

Parece increíble, pero Oxígena y Pacocetamol no dejan de ser ellos en ningún momento. Es entonces cuando entiendo que el "clown" no se crea, sino que siempre está ahí y sólo hay que descubrirlo y explotarlo. Y para ello, no sirve con proponérselo, no es "hago ¡CHAS! y aparezco a tu lado"; hay que jugar con él, experimentar, coger experiencia, y esforzarse por lograr lo que estamos buscando (como cualquier cosa en esta vida).

Pero volvamos a los niños. No es la primera vez que tengo contacto con este tipo de payasos, pues mi primera vez fue de bien pequeña. Una vez al mes iba al hospital y allí estaban ellos, entrando y saliendo de las habitaciones, riendo en el pasillo, jugando, apoyando,... Y pensar que, con sólo verlos de lejos, ya me alegraban las mañanas, mi miedo por las agujas se iba tan lejos que ni recordaba que existía, la preocupación de no estar en el colegio con mis amigos se transformaba en unas ganas locas por hacer amigos dentro de aquel hospital. Todo cambiaba. Y si lo hacía para mí, ¿cómo debía ser para aquellos niños que tenían la suerte de estar cada día con ellos? Sí, digo suerte. Porque estar a esa edad encerrado entre las cuatro paredes de una habitación de hospital tiene que ser como entrar en un túnel interminable del cual no ves la salida, pero de repente te entregan una linterna con la que puedes iluminar el interior del túnel, y descubrir que la búsqueda de la salida puede ser más divertida y entretenida de lo que jamás pudiste imaginar. 

Eso son, son linternas, para los niños, para sus familias, para el personal sanitario y para todos aquellos que quieran y necesiten su presencia. Imprescindibles linternas, que alumbran el mundo con su roja nariz.


... mi primer aplauso, ...


¿Sabéis esas noches en las que te acuestas sabiendo que el día siguiente no será un buen día y que, efectivamente, al salir de la cama por la mañana confirmas que no podrías haberte levantado con un pie más izquierdo que el tuyo? Bingo. Y la parte más "fantástica" de todo es que tienes la obligación de salir de casa para ir a hacer algo que requiere de la activación de todos tus sentidos en su máxima expresión, dejando atrás tu fabuloso sofá, con su estupenda manta, y un maravilloso capítulo de Juego de Tronos a la espera. 

Pero cualquier día puede mejorar, y cuando las primeras palabras que intercambias con alguien son "asalam barek tripti jastifu bris la pu", mientras intentan venderte una alfombra imaginaria en el mejor árabe jamás inventado... llega la risa. 
Soy muy partidaria de la risa, de hecho siempre me río por todo, e incluso por nada. Y en estos momentos, en los que pienso que nada me va a hacer salir de mi indiferencia hacia el mundo y, así sin más, noto como mis mejillas suben y mi boca se curva formando línea cóncava, es cuando empiezo a creer que el humor cura. 

Cuando empecé a estudiar medicina, tenía muy claro que no quería quedarme sólo en síntomas, patologías y tratamientos farmacológicos. Desde el primer día, nos enseñan que el cerebro controla todo el cuerpo y responde, a través de él, a los estímulos que le ofrecemos; y entonces yo me pregunto: si las emociones, que expresamos con todo nuestro cuerpo, vienen del cerebro, ¿por qué no utilizarlas para llegar a su origen y así mejorar nuestra situación patológica?
Y realmente, ésta es una de las bases que toda ciencia alternativa usa, como la musicoterapia, el arteterapia, la risoterapia... Así que llego a la conclusión que tengo suerte de amar la música, de disfrutar con la danza, de que me guste pintar, escribir y hacer manualidades, y de reírme por nada. Terapia gratis y de "self-service", ¿qué más puedo pedir?

Pero si una se levanta con el pie izquierdo, no puede ser tan fácil solucionarlo. Y aún se hace más difícil cuando lo que te hace estar así, es lo mismo de siempre, la misma opresión que aunque no te lo parezca, luchas cada día por superar pero cada día se te hace más difícil. 
Una tontería, el simple gesto de que veinte personas se pongan en un círculo a tu alrededor y empiecen a aplaudirte como si no hubiese mañana, y vuelvo a recordar porqué sigo luchando por aquello que llevo tantos años luchando. Ese aplauso. Para algunos significará apoyo, para otros reconocimiento, para mí significa gratitud, la gratitud del público cuando han conseguido sentir lo que tú intentabas transmitir a través de todos los poros de tu piel; y lo siento, pero esa es una sensación que se escapa de mi alcance para explicarla con palabras. 

A pesar de la montaña rusa de emociones, de los llantos, las risas y los miedos expresados que no quería sacar a la luz, siento como este pequeño grupo de desconocidos se va convirtiendo en mi pequeña familia de los viernes. Somos un equipo remando en la misma dirección, la de conocernos entre nosotros, descubrirnos a nosotros mismos y disfrutar de las sorpresas que nos esperan cada día al volver a vernos. 

¡Y lo que me gustan a mi las sorpresas! ¡Y lo que se disfrutan las sorpresas cuando estás libre de cualquier condicionamiento! Porque a veces para entender las cosas desde una perspectiva nueva y completamente diferente, hay que tomárselas al pie de la letra. Y así he acabado disfrutando las sorpresas del día desde cero, desde ese cero necesario para que todo tenga más sentido del que podáis imaginar.

Tomen asiento (me senté en el suelo, y desde abajo, desde cero, lo vi todo diferente).

Mi primera nariz, ...


Estos últimos tres días han sido intensos, emocionantes e inspiradores. Las sensaciones y reflexiones que saqué el primer día han sido como un hilo conductor que ha terminado en un perfecto lazo el último día.

Sin olvidar que, como cualquier buen médico, hay que aprender a encontrar respuestas sólo con tocar y mirar, hoy me he olvidado de todo. He olvidado que era estudiante, mis responsabilidades, mi supuesta futura profesión; he olvidado mis objetivos, prejuicios y conocimientos previos del mundo que todos conocemos.
Hoy he vuelto a aprender. A aprender a tocar, a sentir, a recuperar la ilusión que me tatué en la piel unos años atrás. He descubierto que se puede mirar con las manos, al reconocer a mi mejor amiga con sólo un roce (aún soy capaz de sentir el cosquilleo que me ha recorrido el cuerpo de arriba a abajo); que sólo con los ojos, puedes escuchar a la gente gritar pensamientos que no dirían nunca en voz alta; que agudizando el oído, es posible tocar a un persona en el sitio adecuado para que sienta que todo va bien.
Hoy he vuelto a conocer. A conocer la vida como no recordaba haberla conocido antes. He visto que todo puede ser fascinante, que cualquier obstáculo puede superarse si sabes cómo soplar contra él, que el aire fresco da energía y que encontrarse con alguien inesperado puede ser el mejor regalo que uno puede recibir. Me he sentido como una niña, sí, y lo he disfrutado más que nunca; sabiendo que en ese momento estaba siguiendo una de mis citas favoritas al pie de la letra, y me he sentido orgullosa de mí misma, por primera vez en mucho tiempo.
"Dance like no one is watching. 
Love like you've never been hurt. 
Sing like no one is listening. 
Live like it's heaven on earth." 
 -MARK TWAIN-
Hoy he vuelto a conectar. He vuelto a conectar con la gente, deshaciéndome de esa apatía que llevaba días persiguiéndome. He conectado conmigo misma, y he visto las cosas de una forma bastante diferente a la mayoría de la gente; pero no me ha molestado. He sido capaz de aceptar que cada uno tiene una perspectiva propia sobre las cosas, y que es igual de respetable que cualquier otra, incluso aunque se parezca a la mía lo mismo que un huevo a una castaña.

Y me doy cuenta que al olvidar para aprender de nuevo, conocer de nuevo, conectar de nuevo, me he podido permitir que mi actitud fluyera libremente, para así poder entender la que los demás intentaban transmitirme y finalmente, sentir lo mío, lo suyo, lo nuestro en mi propia piel... aunque eso ya fuera un poco más complicado.