viernes, 22 de mayo de 2015

Tulipán

Llegamos al final, y siento que no estoy preparada para despedirme. 

Recuerdo el primer día: 
Expectantes 
nerviosos 
algunos adormecidos 
y todos vergonzosos. 

Hoy: 
Impacientes 
eufóricos 
más activos que nunca 
y hechos unos sinvergüenzas. 
Haciendo un recopilatorio mental, puedo ver, y no sólo en mí, lo mucho que hemos cambiado en sólo ocho sesiones. Creo que somos grandes personas, pues hemos conseguido mucho, y hemos hecho una introspección tan grande que ha hecho que nuestra visión del mundo pase de un ángulo agudo a uno obtuso sin prácticamente darnos cuenta.
Sabiendo lo mucho que puede significar esto para cada uno de nosotros, y lo que nos puede mejorar como personas y como profesionales de la sanidad, multipliquemos este efecto por los "veintitantos" que somos. Y ahora volvamos a multiplicarlo por todas aquellas personas a las que podremos transmitir alguno de los conocimientos que hemos aprendido estos días.

No quiero hacer mucha más conclusión de este periodo pues, como ya he dicho, no me quiero despedir. Sólo quiero decir que durante estos días he sido feliz, por recuperar la espontaneidad que echaba de menos en mi vida,  por recuperar la sensación de pasión por algo, de hacer las cosas porque me gustan hasta el último centímetro de mi piel.

Yo sólo sé que ahora mismo soy como un tulipán: cada noche me encierro en mí misma y reflexiono sobre mi día, pensando en cómo puedo mejorar para mañana; para abrirme de nuevo cuando salga el Sol y entonces asombrar, dentro de mis posibilidades, a todo aquél que quiera acercarse a mirar.

Y ahora todos somos un campo de tulipanes, dispuestos a abrirnos al mundo para hacerle llegar nuestras ganas, ilusión, entusiasmo, motivación, fuerza. Capaces de querer curar a una persona con el conocimiento de una calavera, la sensualidad de un fonendoscopio y la humanidad de una nariz de payaso. Y deseando, sin duda alguna, compartir y explotar nuestro maravilloso e inigualable sentido del humor (o del amor, ¡qué más dará!).

Gracias mis tulipanes. Gracias narices rojas. GRACIAS.

viernes, 15 de mayo de 2015

Adelante, atrás, al lado y STOP.

Bienvenidos al día de los "clicks". Nunca me había levantado tan cansada como esta mañana, ayer trasnoché un poco más de lo debido, pero por una buena causa: recuperar amistades es algo de lo que una no puede arrepentirse nunca. Pero volviendo a los "clicks", el primero ha llegado a las 10:15h. Cuando todo el mundo está siguiendo una rutina sistemática y tú debes incorporarte, suele ser bastante sencillo. Pero claro, evidentemente, esto no es "lo de siempre"...
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, sieeeeeeete (¿Cómo? ¿Qué? Espera, espera...)
Un sol, un pan, i-ta-li-a  (¡Vamos chica, conecta!)
Adelante, atrás, al lado y stop. (Vale, esto es fácil.)
Uno, dos, ... (Vamos allá, ¡tú puedes!)
Puede que me costara un par de series para acabar de hacerlo todo del tirón, sí, estaba lenta. Pero una vez pillé la mecánica, empecé a pensar por qué estábamos haciendo eso. Se notaba cuándo la gente dudaba en sus pasos:
"¡Ahora el siete es mudo!" (Pánico en la sala.)
Vivimos en una sociedad a la que le encanta la rutina, por lo que salir de ella siempre resulta, en mayor o menor grado, un handicap importante. Pero yo odio la rutina, siempre necesito hacer cosas nuevas, cambiar de aires, encontrar compañías hasta entonces desconocidas e improvisar, improvisar cualquier cosa que yo considere improvisable (que acaba siendo prácticamente todo). 
"¡Sólo diremos los números impares!" (uff, uff.. ¡Venga chicos!)
Por eso me encantan este tipo de ejercicios, porque encuentro excitante no saber lo que va a venir después y cómo me las voy a ingeniar para adaptarme. CLICK.

La verdad es que en la sesión anterior no se nos dio muy bien eso de representar "Problemas sociales en los pacientes". Pero hoy tenemos nuevos recursos, nuevos enfoques y una muy buena filosofía de trabajo grupal. Es gracioso, debo hacer de conciencia cuando eso es precisamente lo que muchas veces me falta, o puede que me sobre... ¿quién sabe? Algún día puede que le escriba una carta a Pepito Grillo, a ver si me responde. 
No acabamos de saber cómo enfocarlo para que la situación se entienda por completo, y de repente... Todos sabemos que para que dos personas se entiendan, primero tienen que conocerse, y para eso hay que presentarse. ¡Presentaciones! CLICK.
Josefa. 82 años. Sin familia.
Cuántas veces hemos visto esta situación en los hospitales... Verdaderamente es uno de los momentos en que más impotente y enfadada con el mundo me siento. Ver como se abandona a una persona, ver como se destroza su integridad y no poder hacer nada por remediarlo, y desear profundamente, que cuando yo ejerza la práctica médica, sea capaz de decirle que no está sola y dibujarle una sonrisa en la cara. CLICK.

Y no, aún no acabé. Pues, ¿sabéis cuando estás intentando montar dos piezas que no acabas de saber juntar y finalmente hacen ese ruido y dices: sí, encajan?
Cuando A empezó a dividir a la gente en "deseos" y "miedos" según sus posturas corporales, pensé que eso no iba a llevar a ningún buen puerto. Y cuando los empezó a colocar por toda la sala con sus propios criterios, pensé que si alguien entendía eso era porque no estaba bien de la cabeza. Y... CLICK. Todo encajó con solo una expresión, cuando vi que en su cara se cruzaba todo el arcoiris de expresiones que le provocaban esos policías que acechaban su cabeza y, quién sabe, pero puede que ahora sepa reorganizar su vida para ser un poquito más feliz, o simplemente disfrutar más de su felicidad.

CLICK. STOP.

sábado, 9 de mayo de 2015

Loca, paz, lo capaz que sería

Quince años, se dice pronto. No sé si recordaréis la película de Anastasia de la Twenty Century Fox, pero a veces me siento como ella: tomo todos los caminos posibles para salir del laberinto pero, cada vez que elijo un pasillo, un gran muro de hiedras y espinas se alza ante mí haciéndome retroceder. Y no por ello dejo de luchar día a día por salir de ahí, pues es mi mayor deseo, mi verdadera ilusión desde que tengo uso de conciencia; pero hay veces que una se cansa. 

En quince años no he tenido mayor deseo que ese, pero quince años también es tiempo suficiente como para que aquello que me impide conseguirlo, cambie tantas veces como le apetezca. Si intentara explicaos lo que siento cuando pienso en todos los obstáculos que me han ido surgiendo a los largo de estos años, no acabaría nunca; pues es muy difícil para mí elegir unas pocas sensaciones ya que han ido desde el enfado a la tristeza, pasando incluso por la risa. 

Impotencia. No hay día en que no esté ahí, y hace que esa fuerza que me arrastra a quedarme dentro del laberinto cada vez sea más fuerte, y cada vez me abandone yo más a su arrastre. 
Puede que ya haya dejado de luchar y no me quiera dar cuenta, o puede que haya empezado a luchar de otra manera y, ¿por qué no?, puede que haya cambiado un poco mi objetivo, aunque conservando su esencia. 

A veces nos cegamos tanto en conseguir lo que queremos que no nos damos cuenta que sólo hace falta un toque de originalidad, un giro de 180 grados, un choque frontal, un golpe de estado,… llamémoslo X, para lograrlo. 
Pongamos un ejemplo:
Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. 15:00h. Empieza el examen. Si en ese momento alguien entrara por la puerta bailando La Macarena con una peluca de colorines, todos los alumnos alzarían su mirada y dejarían de lado el examen, seguro. Pero, ¿y si entra alguien que llega tarde y se une a ellos para examinarse? Sí, alzarían la mirada, pero luego seguirían con sus papeles y sus bolígrafos. ¿La solución? SORPRENDER.

Han pasado quince años, y hoy, por primera vez, me he enfrentado cara a cara con lo que más miedo me daba: yo misma. No sé si el enfoque que le he dado hoy a todo, absolutamente diferente a cualquier enfoque que le podría haber dado anteriormente, me ayudará en algo. Lo que sí que sé es que he vuelto a coger fuerzas, he cargado mis municiones y he conseguido nuevas herramientas y armamento. 

Así que vuelvo a la carga, loca, en paz conmigo misma. Y no sabéis lo capaz que me siento ahora para arrancar las hiedras y escalar ese muro de espinas, pues ni yo misma lo sé.


viernes, 10 de abril de 2015

... y otras payasadas

Cuando les explico a mis amigos y amigas que estoy haciendo una asignatura que se llama Pallassos d'Hospital, la conversación siempre torna en el mismo sentido:
- ¿Y lleváis nariz de payaso?
- Sí, bueno, nos la ponemos cuando es necesario.
- Pero, ¿vais al hospital a hacer reír a los niños?
- No... primero tenemos que encontrar nuestro "clown". Pero escucha, ¡los payasos de hospital no sólo hacen reír a los niños! 
 - ¿Y a quién si no?
Y entonces es cuando me gustaría que apareciesen Oxígena y Pacocetamol, para que mis amigos se dieran cuenta que, si sólo trabajasen con niños, se sentirían niños de nuevo.
Pero igualmente, vayamos a los niños. Porque me gustan y porque quiero. Me pongo en la situación de estas pequeñas personitas, como buena futura pediatra, y me imagino el momento en que dos curiosos personajes aparecen por la puerta: batas blancas, como los médicos, pero con flores, pájaros y caritas sonrientes dibujados en ellas; unos atuendos bajo esas batas a cual más peculiar; y unas grandes y brillantes narices rojas en medio de su cara. Lo primero que me ocurriría, sería un cambio de actitud, para bien o para mal, pero un cambio. Buena señal, funciona. ¿¡Y quién no cambiaría de actitud en una inesperada situación como ésta!? Niños, ancianos, adolescentes, adultos, jóvenes,... 

Parece increíble, pero Oxígena y Pacocetamol no dejan de ser ellos en ningún momento. Es entonces cuando entiendo que el "clown" no se crea, sino que siempre está ahí y sólo hay que descubrirlo y explotarlo. Y para ello, no sirve con proponérselo, no es "hago ¡CHAS! y aparezco a tu lado"; hay que jugar con él, experimentar, coger experiencia, y esforzarse por lograr lo que estamos buscando (como cualquier cosa en esta vida).

Pero volvamos a los niños. No es la primera vez que tengo contacto con este tipo de payasos, pues mi primera vez fue de bien pequeña. Una vez al mes iba al hospital y allí estaban ellos, entrando y saliendo de las habitaciones, riendo en el pasillo, jugando, apoyando,... Y pensar que, con sólo verlos de lejos, ya me alegraban las mañanas, mi miedo por las agujas se iba tan lejos que ni recordaba que existía, la preocupación de no estar en el colegio con mis amigos se transformaba en unas ganas locas por hacer amigos dentro de aquel hospital. Todo cambiaba. Y si lo hacía para mí, ¿cómo debía ser para aquellos niños que tenían la suerte de estar cada día con ellos? Sí, digo suerte. Porque estar a esa edad encerrado entre las cuatro paredes de una habitación de hospital tiene que ser como entrar en un túnel interminable del cual no ves la salida, pero de repente te entregan una linterna con la que puedes iluminar el interior del túnel, y descubrir que la búsqueda de la salida puede ser más divertida y entretenida de lo que jamás pudiste imaginar. 

Eso son, son linternas, para los niños, para sus familias, para el personal sanitario y para todos aquellos que quieran y necesiten su presencia. Imprescindibles linternas, que alumbran el mundo con su roja nariz.


... mi primer aplauso, ...


¿Sabéis esas noches en las que te acuestas sabiendo que el día siguiente no será un buen día y que, efectivamente, al salir de la cama por la mañana confirmas que no podrías haberte levantado con un pie más izquierdo que el tuyo? Bingo. Y la parte más "fantástica" de todo es que tienes la obligación de salir de casa para ir a hacer algo que requiere de la activación de todos tus sentidos en su máxima expresión, dejando atrás tu fabuloso sofá, con su estupenda manta, y un maravilloso capítulo de Juego de Tronos a la espera. 

Pero cualquier día puede mejorar, y cuando las primeras palabras que intercambias con alguien son "asalam barek tripti jastifu bris la pu", mientras intentan venderte una alfombra imaginaria en el mejor árabe jamás inventado... llega la risa. 
Soy muy partidaria de la risa, de hecho siempre me río por todo, e incluso por nada. Y en estos momentos, en los que pienso que nada me va a hacer salir de mi indiferencia hacia el mundo y, así sin más, noto como mis mejillas suben y mi boca se curva formando línea cóncava, es cuando empiezo a creer que el humor cura. 

Cuando empecé a estudiar medicina, tenía muy claro que no quería quedarme sólo en síntomas, patologías y tratamientos farmacológicos. Desde el primer día, nos enseñan que el cerebro controla todo el cuerpo y responde, a través de él, a los estímulos que le ofrecemos; y entonces yo me pregunto: si las emociones, que expresamos con todo nuestro cuerpo, vienen del cerebro, ¿por qué no utilizarlas para llegar a su origen y así mejorar nuestra situación patológica?
Y realmente, ésta es una de las bases que toda ciencia alternativa usa, como la musicoterapia, el arteterapia, la risoterapia... Así que llego a la conclusión que tengo suerte de amar la música, de disfrutar con la danza, de que me guste pintar, escribir y hacer manualidades, y de reírme por nada. Terapia gratis y de "self-service", ¿qué más puedo pedir?

Pero si una se levanta con el pie izquierdo, no puede ser tan fácil solucionarlo. Y aún se hace más difícil cuando lo que te hace estar así, es lo mismo de siempre, la misma opresión que aunque no te lo parezca, luchas cada día por superar pero cada día se te hace más difícil. 
Una tontería, el simple gesto de que veinte personas se pongan en un círculo a tu alrededor y empiecen a aplaudirte como si no hubiese mañana, y vuelvo a recordar porqué sigo luchando por aquello que llevo tantos años luchando. Ese aplauso. Para algunos significará apoyo, para otros reconocimiento, para mí significa gratitud, la gratitud del público cuando han conseguido sentir lo que tú intentabas transmitir a través de todos los poros de tu piel; y lo siento, pero esa es una sensación que se escapa de mi alcance para explicarla con palabras. 

A pesar de la montaña rusa de emociones, de los llantos, las risas y los miedos expresados que no quería sacar a la luz, siento como este pequeño grupo de desconocidos se va convirtiendo en mi pequeña familia de los viernes. Somos un equipo remando en la misma dirección, la de conocernos entre nosotros, descubrirnos a nosotros mismos y disfrutar de las sorpresas que nos esperan cada día al volver a vernos. 

¡Y lo que me gustan a mi las sorpresas! ¡Y lo que se disfrutan las sorpresas cuando estás libre de cualquier condicionamiento! Porque a veces para entender las cosas desde una perspectiva nueva y completamente diferente, hay que tomárselas al pie de la letra. Y así he acabado disfrutando las sorpresas del día desde cero, desde ese cero necesario para que todo tenga más sentido del que podáis imaginar.

Tomen asiento (me senté en el suelo, y desde abajo, desde cero, lo vi todo diferente).

Mi primera nariz, ...


Estos últimos tres días han sido intensos, emocionantes e inspiradores. Las sensaciones y reflexiones que saqué el primer día han sido como un hilo conductor que ha terminado en un perfecto lazo el último día.

Sin olvidar que, como cualquier buen médico, hay que aprender a encontrar respuestas sólo con tocar y mirar, hoy me he olvidado de todo. He olvidado que era estudiante, mis responsabilidades, mi supuesta futura profesión; he olvidado mis objetivos, prejuicios y conocimientos previos del mundo que todos conocemos.
Hoy he vuelto a aprender. A aprender a tocar, a sentir, a recuperar la ilusión que me tatué en la piel unos años atrás. He descubierto que se puede mirar con las manos, al reconocer a mi mejor amiga con sólo un roce (aún soy capaz de sentir el cosquilleo que me ha recorrido el cuerpo de arriba a abajo); que sólo con los ojos, puedes escuchar a la gente gritar pensamientos que no dirían nunca en voz alta; que agudizando el oído, es posible tocar a un persona en el sitio adecuado para que sienta que todo va bien.
Hoy he vuelto a conocer. A conocer la vida como no recordaba haberla conocido antes. He visto que todo puede ser fascinante, que cualquier obstáculo puede superarse si sabes cómo soplar contra él, que el aire fresco da energía y que encontrarse con alguien inesperado puede ser el mejor regalo que uno puede recibir. Me he sentido como una niña, sí, y lo he disfrutado más que nunca; sabiendo que en ese momento estaba siguiendo una de mis citas favoritas al pie de la letra, y me he sentido orgullosa de mí misma, por primera vez en mucho tiempo.
"Dance like no one is watching. 
Love like you've never been hurt. 
Sing like no one is listening. 
Live like it's heaven on earth." 
 -MARK TWAIN-
Hoy he vuelto a conectar. He vuelto a conectar con la gente, deshaciéndome de esa apatía que llevaba días persiguiéndome. He conectado conmigo misma, y he visto las cosas de una forma bastante diferente a la mayoría de la gente; pero no me ha molestado. He sido capaz de aceptar que cada uno tiene una perspectiva propia sobre las cosas, y que es igual de respetable que cualquier otra, incluso aunque se parezca a la mía lo mismo que un huevo a una castaña.

Y me doy cuenta que al olvidar para aprender de nuevo, conocer de nuevo, conectar de nuevo, me he podido permitir que mi actitud fluyera libremente, para así poder entender la que los demás intentaban transmitirme y finalmente, sentir lo mío, lo suyo, lo nuestro en mi propia piel... aunque eso ya fuera un poco más complicado. 


sábado, 21 de marzo de 2015

¿Qué fue primero, la gallina o el huevo?

Hoy he descubierto que puede que tenga más prejuicios de los que creía tener. Y esto pasa tan frecuentemente... Porque confundimos estos prejuicios con la realidad y los encasillamos en la mirilla de "lo normal". "Normal", maldita palabra que social y personalmente, por desgracia, nos impide muchas veces alcanzar nuestros objetivos.
"Normal" que recorten en sanidad y educación, no hay dinero.
Si te gusta cuidar y curar a la gente y siendo chica, "lo normal" es que estudies enfermería, ¿no?
No hagas tonterías y estudia una carrera... Que es "lo normal".
No sé para vosotros, pero para mi la palabra "normal" acaba de perder todo el significado.

Aunque esta pérdida de sentido es la que me hace seguir luchando en contra de todos esos "normales" que me oprimen, y que hacen que el camino hacia mis objetivos, mis sueños, mis deseos, no sea tan recto como yo pensaba; y aún así, sigue siendo un camino lleno de sorpresas para y por disfrutar.
¿Y quién dice que este camino debamos caminarlo solos? ¿Qué sería de nosotros sin sentir la confianza y el respaldo de los que nos rodean?

Tenemos que tener claro que aunque a veces sintamos que la soledad es lo único que nos rodea, hay mucha gente dispuesta a recogernos si caemos; porque la ayuda y la cooperación personal, familiar y profesional son la base de cualquier colectivo. Amigos y amigas, profesores y profesoras, doctoras y enfermeros, doctores y enfermeras, ...

Y podríamos seguir filosofando sobre quién es oprimido y quién opresor, sobre las víctimas y los luchadores, sobre los deseos incumplidos y los sueños que aún queremos cumplir, ... Pero si tuviese que elegir entre las mil preguntas que asaltan mi cabeza, si realmente os quisiera hacer pensar, preguntaría:
¿Qué fue primero, el prejuicio o la realidad?
¿Qué fue primero, la gallina o el huevo? 

sábado, 14 de febrero de 2015

Bienvenidos

Me cuesta levantarme y lo último que me apetece es tener que coger tren y metro para empezar la optativa a las diez de la mañana. Aún así lo hago, y no sólo porque debo, sino porque tengo la sensación de que va a merecer la pena.
Después de dos horas en que descubro, entre alguna que otra lagrimita, lo que es Pallapupas y después de una explicación de los contenidos de la asignatura; empieza la acción.

Sillas fuera. El ruido estridente de las patas de las sillas rozando contra el suelo me acaba de despertar y ahora ya estoy lista para lo que venga.
Caminar sin un rumbo fijo por la sala, en silencio, me activa la mente. Me fijo en las expresiones de la gente: algunos siguen dormidos, los jueves universitarios pasan factura, noto que otros están inquietos o puede que vergonzosos porque no me aguantan la mirada más de dos segundos seguidos. Stop. Debería haberme fijado más en su atuendo y menos en sus sensaciones, porque no doy ni una. Señalo a la derecha y la chica de las zapatillas granates está justo delante mío. Pero no me arrepiento, intentar descubrir las emociones de la gente a través de sus miradas crea una conexión que hace que el barco no se hunda; el aula está en equilibrio, ni un hueco de más ni uno de menos.

Me doy cuenta de que esa es la base de todo hospital, que debe ser un barco equilibrado y dinámico, donde cada individual es esencial para crear el colectivo, para mantener el barco a flote. 

Ahora, buscad una palabra que os defina y que empiece con la misma letra que vuestro nombre. ¿Ya? Judit, juerguista. No se me ha ocurrido nada más, la J es difícil. Pero esto es lo que me voy a encontrar día a día: situaciones condicionadas a las que tendré que encontrarles la mejor solución posible. 

Y seguimos aprendiendo, sí, digo aprendiendo porque es lo que hacemos cuando conocemos a los demás. No lo sabemos, pero hoy nos iremos a casa sabiendo un poquito más de cada una de las personas que se encuentran en este aula. 
Me sorprende Q. Es un chico tan tímido, ¡y ha sido el que ha dejado el risómetro más alto en el ejercicio por parejas! Me gusta que la gente pierda el sentido del ridículo, creo que tenerlo es algo inútil siempre y cuando seamos mínimamente razonables; pues ninguna situación es igual a otra. 

Acabamos de conectar, nos miramos, uno, nos escuchamos, dos tres, nos tocamos, cuatro, y reímos, reímos mucho y juntos.


Veinte. Hasta la próxima sesión.

Y a ti, ¿qué te gusta?

A veces, cuando entras en un blog y descubres que lo que estás leyendo realmente te remueve por dentro, te despierta curiosidad y te entras ganas de saber más sobre la persona que está detrás de esas palabras, de repente, nada. Puede que ese misterio sea en realidad parte del atractivo que te hace visitar una y otra vez esa página, pero yo creo que la verdadera atracción por algo empieza con la sinceridad en ello. Y por eso, y no por nada más, quiero que antes de leer cualquier cosa que pueda llegar a teclear, descubráis un poco quién soy, cómo pienso y qué me gusta.


Me gustan mis amigos y mi familia. Me gusta recibir mensajes y me gusta que me llamen. Me gusta el verde, el reflejo del sol en las fotos a contraluz, me gusta escuchar que la tele está encendida cuando abro la puerta de mi casa. Odio el humo del tabaco industrial, pero me gusta el olor del tabaco de pipa. Me gusta mancharme los labios con la espuma de un buen cappuccino, me gusta escuchar el silencio de mi habitación cuando estoy sola escuchando música, me gusta ver llover. Odio que me han fotos robadas, pero me gusta que me hagan fotos. Me gusta el sonido que hacen los discos de vinilo cuando empiezan a sonar, me gusta el olor del puntauñas, pero odio el olor del quitaesmaltes. Me gusta escuchar a la gente y también que me escuchen. Me gusta el mar y el leve sonido de las olas cuando se alejan de la orilla... Eso sí, odio ponerme crema y que mi cuerpo quede rebozado en arena. Me gusta bailar y cantar, en mi habitación, bajo la ducha o en medio de la calle a plena luz del día. Me gustan muchas cosas, sí, y me gusta que me gusten.




J.