¿Sabéis esas noches en las que te acuestas sabiendo que el día siguiente no será un buen día y que, efectivamente, al salir de la cama por la mañana confirmas que no podrías haberte levantado con un pie más izquierdo que el tuyo? Bingo. Y la parte más "fantástica" de todo es que tienes la obligación de salir de casa para ir a hacer algo que requiere de la activación de todos tus sentidos en su máxima expresión, dejando atrás tu fabuloso sofá, con su estupenda manta, y un maravilloso capítulo de Juego de Tronos a la espera.
Pero cualquier día puede mejorar, y cuando las primeras palabras que intercambias con alguien son "asalam barek tripti jastifu bris la pu", mientras intentan venderte una alfombra imaginaria en el mejor árabe jamás inventado... llega la risa.
Soy muy partidaria de la risa, de hecho siempre me río por todo, e incluso por nada. Y en estos momentos, en los que pienso que nada me va a hacer salir de mi indiferencia hacia el mundo y, así sin más, noto como mis mejillas suben y mi boca se curva formando línea cóncava, es cuando empiezo a creer que el humor cura.
Cuando empecé a estudiar medicina, tenía muy claro que no quería quedarme sólo en síntomas, patologías y tratamientos farmacológicos. Desde el primer día, nos enseñan que el cerebro controla todo el cuerpo y responde, a través de él, a los estímulos que le ofrecemos; y entonces yo me pregunto: si las emociones, que expresamos con todo nuestro cuerpo, vienen del cerebro, ¿por qué no utilizarlas para llegar a su origen y así mejorar nuestra situación patológica?
Y realmente, ésta es una de las bases que toda ciencia alternativa usa, como la musicoterapia, el arteterapia, la risoterapia... Así que llego a la conclusión que tengo suerte de amar la música, de disfrutar con la danza, de que me guste pintar, escribir y hacer manualidades, y de reírme por nada. Terapia gratis y de "self-service", ¿qué más puedo pedir?
Pero si una se levanta con el pie izquierdo, no puede ser tan fácil solucionarlo. Y aún se hace más difícil cuando lo que te hace estar así, es lo mismo de siempre, la misma opresión que aunque no te lo parezca, luchas cada día por superar pero cada día se te hace más difícil.
Una tontería, el simple gesto de que veinte personas se pongan en un círculo a tu alrededor y empiecen a aplaudirte como si no hubiese mañana, y vuelvo a recordar porqué sigo luchando por aquello que llevo tantos años luchando. Ese aplauso. Para algunos significará apoyo, para otros reconocimiento, para mí significa gratitud, la gratitud del público cuando han conseguido sentir lo que tú intentabas transmitir a través de todos los poros de tu piel; y lo siento, pero esa es una sensación que se escapa de mi alcance para explicarla con palabras.
A pesar de la montaña rusa de emociones, de los llantos, las risas y los miedos expresados que no quería sacar a la luz, siento como este pequeño grupo de desconocidos se va convirtiendo en mi pequeña familia de los viernes. Somos un equipo remando en la misma dirección, la de conocernos entre nosotros, descubrirnos a nosotros mismos y disfrutar de las sorpresas que nos esperan cada día al volver a vernos.
¡Y lo que me gustan a mi las sorpresas! ¡Y lo que se disfrutan las sorpresas cuando estás libre de cualquier condicionamiento! Porque a veces para entender las cosas desde una perspectiva nueva y completamente diferente, hay que tomárselas al pie de la letra. Y así he acabado disfrutando las sorpresas del día desde cero, desde ese cero necesario para que todo tenga más sentido del que podáis imaginar.
Tomen asiento (me senté en el suelo, y desde abajo, desde cero, lo vi todo diferente).
No hay comentarios:
Publicar un comentario