Quince años, se dice pronto. No sé si recordaréis la película de Anastasia de la Twenty Century Fox, pero a veces me siento como ella: tomo todos los caminos posibles para salir del laberinto pero, cada vez que elijo un pasillo, un gran muro de hiedras y espinas se alza ante mí haciéndome retroceder. Y no por ello dejo de luchar día a día por salir de ahí, pues es mi mayor deseo, mi verdadera ilusión desde que tengo uso de conciencia; pero hay veces que una se cansa.
En quince años no he tenido mayor deseo que ese, pero quince años también es tiempo suficiente como para que aquello que me impide conseguirlo, cambie tantas veces como le apetezca. Si intentara explicaos lo que siento cuando pienso en todos los obstáculos que me han ido surgiendo a los largo de estos años, no acabaría nunca; pues es muy difícil para mí elegir unas pocas sensaciones ya que han ido desde el enfado a la tristeza, pasando incluso por la risa.
Impotencia. No hay día en que no esté ahí, y hace que esa fuerza que me arrastra a quedarme dentro del laberinto cada vez sea más fuerte, y cada vez me abandone yo más a su arrastre.
Puede que ya haya dejado de luchar y no me quiera dar cuenta, o puede que haya empezado a luchar de otra manera y, ¿por qué no?, puede que haya cambiado un poco mi objetivo, aunque conservando su esencia.
A veces nos cegamos tanto en conseguir lo que queremos que no nos damos cuenta que sólo hace falta un toque de originalidad, un giro de 180 grados, un choque frontal, un golpe de estado,… llamémoslo X, para lograrlo.
Pongamos un ejemplo:
Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. 15:00h. Empieza el examen. Si en ese momento alguien entrara por la puerta bailando La Macarena con una peluca de colorines, todos los alumnos alzarían su mirada y dejarían de lado el examen, seguro. Pero, ¿y si entra alguien que llega tarde y se une a ellos para examinarse? Sí, alzarían la mirada, pero luego seguirían con sus papeles y sus bolígrafos. ¿La solución? SORPRENDER.
Han pasado quince años, y hoy, por primera vez, me he enfrentado cara a cara con lo que más miedo me daba: yo misma. No sé si el enfoque que le he dado hoy a todo, absolutamente diferente a cualquier enfoque que le podría haber dado anteriormente, me ayudará en algo. Lo que sí que sé es que he vuelto a coger fuerzas, he cargado mis municiones y he conseguido nuevas herramientas y armamento.
Así que vuelvo a la carga, loca, en paz conmigo misma. Y no sabéis lo capaz que me siento ahora para arrancar las hiedras y escalar ese muro de espinas, pues ni yo misma lo sé.
No hay comentarios:
Publicar un comentario